Bitácora viajes 2025

Dos aclaraciones antes de empezar: 1. Está publicación será con la cercanía de los acontecimientos, me animo a detallar mis emociones y experiencias de las distintas geografías descubiertas. Iré mes a mes. 2. Vivo en Barcelona, aunque soy de Argentina, esto facilita el horizonte viajero, ir a un pueblo a cuarenta minutos en tren ya cuenta como turismo.

Enero pasó de largo, empecé el mes y el año sin trabajo. Por desgracia conseguí en la segunda semana. Me acomodé un poco y avisé que en marzo tenía un viaje programado con mi papá. Febrero llegó, también mi papá. Nos quedamos en Barcelona, paseamos por acá y en marzo armamos las mochilas y nos fuimos una semana de odisea por Italia, así empezó mi año viajero.

Venecia

Llegamos al aeropuerto, parlé un poco de italiano y pregunté cómo ir a Mestre, ciudad al lado de Venecia donde teníamos el alojamiento.

En el hotel la recepcionista se confió de mi italiano improvisado y me respondió a velocidades inentendibles para mi papá, yo entendí por contexto y con un grazie mille nos despedimos. La habitación estaba limpia, el hotel parecía nuevo, las camas eran súper cómodas. Dejamos las mochilas, fuimos al baño y arrancamos para Venecia, eran las 16:00hs, hacía frío, la iluminación solar empezaba a terminarse. El bus nos dejó en Plaza Roma y cruzamos caminando el primer puente de Venecia. Mi papá se emocionó, empezó a sacar fotos. Se tropezaba con sus pasos y miraba, ilusionado, el agua que pasaba por debajo. Caminamos por la ciudad, vale aclarar que ninguno buscó información sobre qué visitar ni las dimensiones de la ciudad, sacamos los pasajes y fuimos.

Nos sorprendimos desde que llegamos. A las dos horas de caminar y caminar entendimos que era una ciudad gigante, no una islita. El primer día seguimos la gran ola de personas abarrotadas en las calles principales. Los comercios internacionales como Mc Donalds estaban presentes, el turismo era masivo. Vimos algunas casas abandonadas y nos metimos en un supermercado que antes era un teatro, sus pinturas miraban desde el techo qué sándwich elegíamos, los palcos susurraban que llevemos una coca cola y los ventanales iluminaban con luz angelical la góndola de papas fritas

Segundo día de Venecia, nos aventuramos a las islas de Burano y Murano. Muy lindas. En el viaje del vaporetto entendí la importancia de la ciudad, construida hace 1500 años desafiaba lo conocido. No fui a las pirámides de Egipto pero me animo a ponerlas al mismo nivel de Venecia en cuanto a creatividad humana para formar estructuras. El genio colectivo desafía los límites y la vida habrá sido igual allí que en tierra firme, las personas aman, olvidan, engañan, juegan y lloran, todas por igual. El escenario para historias es increíble, las opciones infinitas. Me sentí caminando por una Ciudad Invisible de Italo Calvino, de las más alocadas. Recomiendo visitar.


Trieste

De Venecia nos fuimos a Trieste en bus.

Llegamos a Trieste, nos recibió un edificio tricolor. Entre la neblina nos cruzamos con varios grupos escolares; sabíamos que el mar estaba cerca, escondido atrás de la blancura. La montaña la divisamos gracias a unas casas suspendidas sobre nubes. Era blanca, la neblina, pero no espesa. Dejamos las cosas en el hotel, que compensaba la mala onda del recepcionista con la buena ubicación. Salimos a caminar y el cielo estaba despejado, el sol pegaba en los edificios y el mar se veía completo hasta el fin, las montañas llenas de casas. La ciudad impecable, una mini Viena con edificios de colores y limpia. La gente lucía prendas increíbles, sacos, pantalones de vestir, sweaters finos, buenos peinados, zapatos, barbas arregladas y maquillaje sin exagerar. Por momentos, ruidosa por los amigos nello tavolo bebiendo ristretto y Aperol; y por momentos silenciosa. Grandes estructuras adornaban las esquinas y en la plaza central, imponente, un edificio con columnas corintias y estatuillas alegraba la postal captada con mis ojos. La plaza llena de sol, las terrazas llenas de gente, la gente llena de alegría. Ciudad pequeña que dejaba entrever saludos rápidos de conocidos. Amigable, sincera, italiana y norte. El norte, esto me habían dicho del norte italiano.


Liubliana

De Trieste nos fuimos a Liubliana. Pequeña capital europea. Rostros occidentales nos recibieron, el oeste queda lejos para ellos.

Una llovizna suave nos acompañó hasta el hotel. La recepcionista era bizca y con ojos saltones como si alguien le hubiese saltado en el pecho. Además era negra de piel, por lo que la órbita blanca de sus ojos contrastaba con el rostro de manera eficaz, produciendo una reptiliana incomodidad. Le pregunté varias cosas sobre qué hacer en estos días, cómo movernos y del clima. Cuando ella hablaba yo analizaba el mapita plegable, me costaba identificar con que ojo me miraba. Igual era re buena onda, mi papá se desentendió porque no entiende inglés y tampoco sabía si mirarla a ella o mirar la nada misma. Obviamente nos burlamos en privado de ella, como también nos burlamos de las pibas rubias que nos cruzamos en el bondi, ellas fueron víctimas porque vestían unas camperas de muy mal gusto. La alegría humana no juzga, son chistes que descomprimen una realidad, los defectos propios no se juzgan, se entienden las risas ajenas.

Ahora sí, un poco de Liubliana. Ciudad de dragones, hermosa y pequeña, amigable en los ojos de la gente, tranquila en la estructura. Grandes parques me alejaban de los ruidos urbanos que escucho a diario en Barcelona. El suelo de las esquinas me sorprendió, se decantan sobre la calle, como una rampa, y te da la sensación de pasear, los semáforos existen pero son pocos. También son pocos los atractivos turísticos. Fuimos al castillo, caminamos al lado del río que corta la ciudad y tuve la suerte de vender dos de mis camisetas. Siempre llevó algunas a mis viajes, soy un comerciante a la vieja usanza.


Udine

Solo pasamos una tarde en Udine. Suficiente para terminar de asegurar que el norte de Italia es increíble.

Un médico nos había dicho que era bruta, que no había mucho para hacer y su cara dejó entrever cierto disgusto cuando nombramos la ciudad, también recriminaba nuestra decisión. Fuimos igualmente a Udine, acomplejados pero con pensamiento positivo. Llegamos al hotel, dejamos las cosas y fuimos al centro. Gente vestida elegante, estructuras limpias y un aire fresco invadía nuestros pulmones. La sensación fue que faltaba gente, pocas personas nos cruzamos a lo largo del día y eso que era viernes. Similar a Trieste pero parecía de a partes, una ciudad fantasma.

Cerramos el viaje acá, comimos pasta en un restaurante y tomamos un vino. Volvimos a dormir al hotel y al mediodía siguiente ya estábamos de vuelta en Barcelona.


Nota al margen

Mi padres están separados. Mi papá se fue el 15 de Marzo de Barcelona y mi mamá llegó el 16 de ese mes. También en este mes me renunciaron del trabajo, mejor, más tiempo para aprovechar con la familia. La alegría del hijo al ser visitado por sus papás, la agobiante tarea de ser feliz y la naturalidad de las risas. Todos adultos que vivimos como podemos y somos, ante todo, buenas personas.

Sigo con los viajes.


Girona

Nos encontramos el jueves de principios de abril al horario pactado en la estación de trenes.

Mi hermano y mi mamá me esperaban con diez minutos de antelación, yo llegué puntualmente a la hora acordada. En el tren tomamos mates y hablamos entre nosotros, reencuentro familiar. Mamá nos visitó por cincuenta días, visita extensa pero no larga, se manejó independientemente por la ciudad, se fue a Mallorca a visitar unos amigos, a Cadaqués, a Museos, participó de actividades y casi todas las noches se juntaba con algún conocido a tomar birras, vino o vermut, vivió Barcelona como se tiene que vivir: entre tapas y confundiendo la hora del café con la hora de la caña.

En el tren mi hermano contó que quería renunciar porque estaba saturado del trabajo, a mi me habían echado hace unas semanas, aproveché mi situación de desempleado para estar con mi mamá.

Ahora Girona, una ciudad pequeña y europea, linda, coqueta, cara. Caminamos por la muralla y el clima nos acompaño, sacamos fotos y hablamos de la vida. Frenamos en uno de los jardines y comimos unos sándwiches. Fuimos a un bar, entré al baño y cuando salgo no veo mi cámara, señalo a mis familiares diciéndoles que la broma no tiene gracia, me dicen que no tienen ni idea de que hablo. Efectivamente perdí mi cámara, la dejé en la última torre, saqué dos fotos desde ahí. Fui corriendo y la busqué, llegué a la torre transpirado. Miré para todos lados y ahí estaba mi cámara, cerradita y esperándome. Quién la encontró la dejó allí para que el boludo que se la olvidó vuelva a buscarla, ahí estaba yo. Un inglés que miraba el paisaje desde lo alto de la torre, vio la situación y me dijo –good luck-; –yeah- respondí sonriendo y agitado. Volví a la mesa con mi familia.

Girona bien, la apruebo sin dar puntajes, estar con la familia mejor, excusas necesarias para compartir momentos, lugares y anécdotas con personas que amas.


Lisboa

Llegamos a Lisboa con mi hermano. Nos fumamos un cigarro en el aeropuerto antes de subir al metro que nos llevó al centro de la ciudad.

Un policía nos indicó en Portuñol dónde teníamos que ir, también dijo que prefiere hablar español antes que inglés, mismo patrón se repitió con diferentes personas a lo largo del viaje. Llegamos tarde y nos encontramos con mi mamá que inició su viaje unos días antes en Oporto. Fuimos a la casa alquilada, cocinamos, comimos, hablamos y a dormir.

Al otro día la lluvia se hizo presente intermitentemente. Yendo al punto de encuentro del free tour pudimos sentir la ciudad, vimos paredes totalmente tomadas: dibujos, firmas, expresiones de amor, expresiones de odio, stickers, aerosoles, la calle hablaba. Comenzamos el free tour en la plaza dos restauradores, duró tres horas y no llovió en ningún momento, aprendimos bastante.

La historia pesaba, los tobillos levantaban los pies con respeto para pisar la segunda ciudad más antigua de Europa Occidental. Remodelada y rehecha miles de veces, víctima de incendios, terremotos, inundaciones, dictaduras y religiones. Aquí nació Saramago, de mis autores favoritos, en sus narraciones se denota un pensamiento crítico social, ahora entiendo por qué. En la plaza de comercio me sentí diminuto ante la temporalidad de la vida, aquí se había creado la comercialización de esclavos, algo tan lejano para mí como los dinosaurios. Era ciudad puerto donde se vendía de todo, intercambio, vida y evolución.

También se encuentra, en esta bellísima ciudad, la librería más antigua del mundo, donde me compré un libro que no quería. Muchísimas más atracciones, en cada esquina miles de historias.

Sin embargo lo mejor fue el jardín botánico Estufa Fría, ubicado en el Parque Eduardo VII. Fuimos con mi mamá, mi hermano se quedó en casa con resaca (la noche anterior salimos por mi cumpleaños, tomamos bastante y volvimos tarde). El Parque en sí ya era muy vistoso y estaba muy bien cuidado, pero cuando entramos en Estufa Fría se me cayó el pelo. El aire a respirar era de lo más puro, el olor a tierra mojada por las lluvias intermitentes recordaban la vida, me encantó. El estar a solas con mi mamá también fue un lujo, cada planta que veíamos me decía que la tenía en la casa, o que era difícil de cuidar, o que le regaló una de esas a alguna amiga, o que esto o lo otro, miles de anécdotas con plantas y hojas. Hacía dos años que no nos veíamos con mi mamá y hacía siete años que no pasaba mi cumpleaños con ella y con mi hermano al mismo tiempo.


Sintra

Un día fuimos a pasear a Sintra: un pueblito con castillos que vigilan desde lo alto de las montañas, la naturaleza verde llenaba los espacios interiores y exteriores. Lindo, a mi parecer con una tarde basta.


Mallorca

Los últimos días de mayo son azarosos: puede tocar lluvia o calorcito, por suerte la segunda opción me hospedó.

El flughafen (aeropuerto) estaba lleno de alemanes. Tomé un bus y dormí una hora y veinte minutos. Me desperté atontado y divisé montañas de un lado y mar del otro y montañas al final del mar y el mar infinito, todo desde el mismo asiento. Un cartel indicaba que estaba en Alcudia, a quince minutos de mi destino final, Can Picafort. Ahí mi primo abrió Parada Brava, un bar cerquita de la playa, con buena onda y buena música.

Me encontré con mi primo y nos abrazamos, fui solo por el día para llevarle unas camisetas que me encargó. Jugué un rato al empresario, “viaje de negocios”. Pagué mis propios viáticos y no gané plata, me la gasté en ese mismo viaje. Apenas llegué me regaló un bocata de pollo, un café con leche y una buena charla. Fui hasta la playa a un minuto del bar, fumé un cigarro mientras el celu se cargaba. El mar transparente me transmitía paz; los niños jugando ternura; el silencio confortaba el aire. Mi balance general: pocos buenos culos, mucha familia, muchos viejos, pues mayo.


Marruecos, Marrakech

Me cuesta nombrar a la chica con la que me veo, la mujer con la que me veo, con la que compartí este viaje.

Me cuesta el momento de poner su nombre en mis escritos que quiero publicar, me intimida la idea de leerlo en algún momento y largarme a llorar. El nombre -que a nadie le importa más que a mí- no lo escribo, me acompleja al momento de contar la historia que quiero contar. Por estos motivos la voy a mencionar como “la chica con la que me veo”, haciéndolo más extenso, más rebuscado y hasta menos realista. Ella tiene nombre, voz y voto, ella es magnífica solo por ser, ella es fuerte e increíble, pero así y todo me intimida la idea de nombrarla, complejos a tratar. Voy a dejar asentado que la quiero mucho, mucho, mucho, por eso pudimos viajar y divertirnos. Nuestra comunicación es increíble por eso me puedo dar el lujo de no nombrarla, porque nos queremos un montón y lo demuestro con el chocolate amargo que sé que le encanta, leyéndole un fragmento de algo, acompañándola en momentos difíciles y abrazándola cada vez que puedo.

Monos, serpientes, maltrato animal, pintoresco, diferente y comercio. Enunciados que se me ocurren al pensar mi reciente experiencia de Marrakesh.

Lo más atractivo fue la visita al Sahara, viaje épico en muchos sentidos, increíble y lleno de expectativas. Fue una aventura, confiando ciegamente en nuestros guías: bereberes marroquíes experimentados en tours a sudamericanos, hablaban visiblemente bien el argentino, el chileno, algunas expresiones mexicanas y conocían canciones y datos curiosos sobre cada cultura. Nos llevaron a conocer sus tiendas, sus hoteles y hasta la casa de la madre donde tomamos un té.


L’ Escala

Pienso en este viaje que todavía no realicé. La semana que viene voy, ahí vive Mati, un amigo de un amigo.

Estos últimos meses bajó varias veces a Barcelona, a veces lo hospedamos en casa. Él es dentista y yo tengo cuatro caries detectadas hace un mes. Los motivos de mi viaje se complementan: por un lado lo quiero visitar, también quiero conocer un lugar nuevo, ir a la playa y tomar unas birras a la noche; por otro lado es una visita relativa a mi salud. Espero que la ciudad sea linda, poder divertirme con el Mati, arreglarme las caries y broncearme.

-Vista del viaje a futuro, veremos lo que depara la realidad-

L ’ Escala

-Te querían sacar plata- me dijo Mati, solo tenía tres caries y no me habían limpiado bien el sarro.

Buenas conversaciones compartidas con él, hablamos bien de las personas y mal de algunas situaciones. Llegamos a la conclusión de que nadie tiene lo que quiere, teoría ya descubierta por Sócrates o alguno de sus discípulos. Hablamos de plata, alquileres, compras, manera de manejarse en la vida, inversión de tiempo, inversión de dinero, también nos comparamos entre nosotros y con gente que conocemos. Entre envidia sana y sabiendo a la perfección el deber hacer ante situaciones presentadas llegamos a una gran conclusión humana: la estabilidad económica y emocional tienen lo suyo, pero la droga y las putas también.

Sobre el pueblo, es lindo y coqueto. El viaje desde Barcelona es largo y corto. Corto si dormís o si lees, o si escuchas música, o si usas la compu para ponerte al día con ese trabajo que venís pateando; largo si solo miras por la ventana y pensás en esas respuestas que nunca diste o esas que respondiste de más, o masticas esa bronca que querés gritar, o si lloras por esa llamada que pospones. Largos o cortos los viajes hay que hacerlos.

Otros idiomas se escuchan en el pueblo además del Catalán, sobre todo francés y alemán. A la noche refrescó, tomamos varias cervezas y fuimos a una calle con bares. Vida nocturna activa. Un lugar con juegos de niños nos entretuvo, liberamos dopamina matando dinosaurios, intentando sacar un Stich gigante, derrapando en rally, corriendo en moto por Dubai y cerramos con broche de oro pegándole piñas a la máquina de boxeo, increíblemente pegué más fuerte que todos, la bronca masticada en el viaje largo se liberó a través de los nudillos.

Me fui al otro día con la boca pastosa y tarareando muchacha pequeños pies… corazón de tiza… lalala…


Mallorca

Fui a esta isla por segunda vez en el año y en mi vida. La experiencia fue muy grata, compartí tiempo con la chica con la que me veo, tomé sol e hice la plancha en el mar.

Alquilamos un auto (pagamos más de lo que debíamos por un error mío al no leer la letra chica del contrato). Pero el pequeño Mitsubishi nos paseó por la isla. Pudimos ir a varias calas y nos sirvió de refugio el primer día que hubo tormenta.

La casa que nos hospedo vibraba entre el amor y el conflicto, como la mayoría de las casas donde conviven varias personas. El perrito que tenían canalizaba esa energía y no dejaba de mover la cola ni un segundo. Dormimos en dos colchones en el suelo. Usábamos uno para dormir cuchareando pero nos despertábamos cada uno en su espacio ya que el calor y los movimientos nocturnos nos hacían tomar distancia: el cuerpo físico entiende de comodidad y cada uno se centraba en su rectángulo.

Las peleas no existieron, los dos, la chica con la que me veo y yo, mediamos con tonos bajos los pocos conflictos que nos separan. En esta relación los modos de expresión son lo más importante, pues todo parece indicar que nos queremos por igual. La isla en general cumplió, tuvimos momentos de intimidad en las lluvias y nos regaló momentos de sol y calor, pudimos dormir siestas en la arena y en el auto. Visité unos amigos y salimos a tomar algo la segunda noche. Fueron tres días que pasaron demasiado rápido, el domingo a primera hora ya estaba trabajando de nuevo en esta realidad que es la que me tocó elegir.


Valencia

Me desperté un viernes de agosto a la mañana, fui a la estación de buses de Barcelona y a las dos de la tarde llegué a Valencia. El Emi, amigo, me estaba esperando.

Fuimos caminando por el parque Turia hasta la casa, poniéndonos al día y delirando situaciones. -Tengo pasajes para Albania- me dijo -el 25 de septiembre, 30 euros, ayer miré y siguen a ese precio-. Con él ya hicimos varios viajes, somos buenos compañeros de aventuras, creo que es clave encontrar alguien con quien compartir viajes random. Me convenció, antes de almorzar ya tenía mi pasaje de ida y vuelta para Albania.

Ya entre risas y después de tirarnos un rato abajo del aire acondicionado, pues agosto, partimos a la Ciudad de las Artes. En el camino yo fumé un pucho, se nos acercó una piba de Buenos Aires y me pidió liyos. Nos pusimos a hablar, ella estaba de vacaciones, vino a pasar un mes a España, viaje regalado por la madre por haberse recibido: es abogada con 25 años. Re buena onda, fuimos los tres a la Ciudad de las Artes, increíble lugar, blancos los museos y estructuras que lo componen, transparente el agua que la recorre, verde real la vegetación que lo rodea, el aire por su parte pesado, pues agosto.

Tomamos unos mates, tres horitas nos tiramos ahí. Volvimos a la casa, cocinamos unas pizzas y tomamos una birras. Corté un tomate para agregarle a la cuatro quesos y me bardearon porque estaba grueso -dejá, no hago más nada- dije, entre risas. Después de esos salimos a un barcito medio rancio lleno de guiris y volvimos a las dos de la mañana, a Clari la acompañamos hasta el hostel que estaba a dos cuadras de la casa del Emi.

El sábado hicimos playa toda la tarde, la mañana la usamos para dormir sin alarma. Cociné unos sándwich de atún, huevo, tomate, lechuga y queso, de nuevo me criticaron, pero yo sé que estaban buenasos. En la playa nos conocimos más con Clari, una máquina la piba, se vino a recorrer sola España, no sacó un plan de datos, se descargó los mapas en el celu y tiraba con eso. Relajada, real y divertida, callaba cuando no tenía nada para decir y comentaba tonterías cuando su espíritu lo reclamaba, se liberaba con risas y era protagonista de su aura calmada. Para nosotros, con el Emi, fue lindo encontrarnos, encontrarnos entre nosotros y encontrarnos con Clari. Nos atribuía energía femenina sin juzgar nuestras historias o comentarios, escuchando pasivamente lo que intimábamos, se adhirió muy bien, como dije antes, clave encontrar con quien compartir viajes random. Esa noche de sábado salimos de nuevo, fuimos a un bar loquísimo, con muchísimas cosas viejas: muebles, sillas, radios, caretas, muñecas, botellas, cuadros, libros, estaba todo amontonado como la casa de una vieja acumuladora de cosas lindas, pero ordenado. Una birrita y a un boliche de techno, unos gin tonic, un bailoteo tonto y a las cinco y media aterricé en la cama.

Domingo de playa, unas tres horas, pues a la nochecita salía mi bus de vuelta. Nos encontramos con la chica que me veo y su amiga que también vive en Valencia. Coordinamos para volver en el bus juntos a Barcelona pero nos independizamos el uno del otro durante el fin de semana. Hicimos crossover, yo conocí a su amiga de la que tanto me había hablado y ella lo conoció al Emi. También estaba Clari, que fue la protagonista del fin de semana, nueva adquisición a las anécdotas que contaremos de viejos, un personaje que apareció fugazmente en una historia que no le correspondía, aunque en sus libros ella es la protagonista de esto que se llama vida. Reímos, nos complementamos como grupo, todos sinceros, buena onda,  cada uno con su historia antecesora a este punto de encuentro, cada uno con motivaciones diferentes. Puta madre, como vale la pena estar vivo.


Londres

Este viaje lo hice con la chica con la que me veo. Ella tiene un hermanastro viviendo ahí y nos cedió su departamento unos días porque no estaba en la ciudad.

Es la segunda vez que voy a esta ciudad, capital de la historia del mundo. Pese a quién le pese son el centro del mapamundi que se usa en las escuelas occidentales. La ciudad es gigante y lo multicultural se respira en todas las esquinas. Grafitis, arte callejero, borrachos, alta sociedad, baja sociedad, olores. Es una ciudad gigante, con reyes y reinas, es lo que se aparenta, lo que muchos quieren para su país, y detrás de esto está la vida real, la plebe. Pero los reyes donan y mantienen sus parques, parques que eran de ellos porque la tierra y el dinero están mal divididos, pero a los de ésta generación les tocó simplemente por ser parte de un árbol genealógico pensado siglos atrás. El free tour lo coordino una mujer de Buenos Aires amante de los reyes ingleses, bastante chupa verga la verdad. Nosotros sin complejos y sin politizar solo sacábamos fotos, tomábamos mates y hablábamos del resto del grupo. Llovió y abrimos el paraguas. Seguimos caminando por la ciudad. Salió el sol. Terminó el free tour, tomamos un café caro y volvimos a la casa.

Al otro día volvimos al centro, siempre en los buses típicos de Londres, esos rojos de dos pisos, angostos y hermosos. La ciudad mantiene un aura antigua, respeta el diseño y pisa fuerte en el alma.

La literatura inglesa es muy buena. Transitar las calles que transitó George Orwell, Aldous Huxley o Virginia Woolf es magnífico. Estos escritores, desde el seno de Londres, fueron lo más críticos de la sociedad venidera, entendieron el derroche mundial y la piratería, la industrialización y la deforestación de la historia, y plasmaron metafóricamente sus ideas contra lo que consumían. La sociedad no la podes parar.

Para lo musical es increíble un amigo me dijo –en Argentina jugamos al fútbol, acá hacen música-. La cultura de pubs y el talento es increíble. Mencionando solo a los Rolling Stones y Los Beatles ya es suficiente para entender la vara con la que se mide la música occidental.

El tercer día fuimos al Museo Británico, entrada gratuita, el museo del mundo. Mi lugar favorito fue el Reading Room. Entré y casi me largo a llorar, empecé a leer nombres propios como Marx -ahí investigó para luego escribir El capital-. Ahí, en el Reading Room, se leyó ese mismo libro para debatirlo y generar antítesis. En ese lugar donde estaba parado habían pasado intelectuales, médicos, psicólogos, miles de teorías y más. Todo lo que sabemos y lo que no sabemos es gracias a las personas que en algún momento se sentaron allí a leer escritos más antiguos que ellos y se encargaron de formular nuevas ideas. Somos personas que crean religiones, curamos con investigación de átomos y jugamos a ser felices con el chisme de los vecinos. Todo lo que pensamos y todo lo que no sabemos ya fue debatido en esa cúpula. Lo recuerdo y los ojos se me llenan de orgullo. La identificación de ciertos parámetros sociales gracias a la historia de los mamíferos bípedos que somos fueron estudiados aquí, Darwin estuvo aquí.

La chica con la que me veo me decía –mira todo lo que robaron- yo los defendía diciendo que, por lo menos, lo robaron y ahora lo exhiben abiertamente. Es un placer recorrer los pasillos de la antigua Grecia, de Egipto, de Sudamérica en unos pocos metros cuadrados. No defiendo el hurto, defiendo la no destrucción. Se sabe que a lo largo de la historia, en lo ancho del mundo, los estados colonizadores o las diferencias entre culturas se encargaban de destruir creencias, costumbres y todo lo que hubiese a su paso. Hablamos de Mongoles conquistando pueblos orientales, Quechuas Incaicos absorbiendo aldeas andinas o Maoríes matando a pares con otras tradiciones tribales. Muchas veces el más fuerte destruye y no deja pasado visible. Los ingleses se encargaron de conquistar y matar miles de personas, historias y estructuras, pero también, los ingleses de hoy guardaron un poco de todo eso y se lo muestran al mundo. Esto existió y es objeto de estudio, ésta pirámide, éstas columnas jónicas, éstos cuadros romanos. Lo que sea que este en el museo Británico, hay que agradecer que por lo menos está.

Termino con Londres mencionando sus parques. Parques extensos llenos de ardillas, ¡que buen animal! También hay lagos con patos jugueteando y cisnes formando corazones con sus cuellos. Yo estaba con la chica con la que me veo, sentado en un banquito, comiendo unos sándwiches y agarrados de la manito, mirando gente pasar y la fauna estética en los parques reales.

Londres es amor y desorden. Es pasado y futuro. Es historia.


Albania

Martes 30 de septiembre de 2025

Bitácora día de viaje número cinco en Albania. Hoy me toca compartir cama doble con el Emi. Él ya está acostado, yo me lavé los dientes, me tiré al lado y me acerqué para joderlo.

Nos cagamos de risa. Nachito desde la camita para niños mira Instagram y juega a Tinder. Cada uno en la suya mira sus cosas, responde sus mensajes, piensa en solitario. Ayer me tocó compartir cama doble con Nacho. Había mosquitos y esa fue su excusa para la piña que me metió a las cuatro de la mañana. No dejó de moverse un segundo el hijo de puta. Esa noche dormí bastante bien, aproveché mi flaqueza y me arrinconé contra el borde de la cama. Casi ni me moví en toda la noche, pero el cara de verga me despertó mil veces con su hiperactividad nocturna.

Ahora a los días, ayer y hoy sol. Hoy recorrimos las playas de Ksamil, muy buenas. Ayer fuimos y volvimos en el día a Corfú, una isla Griega, muy buena también.

El día anterior, el día 3, vi una de las maravillas naturales más impresionantes: El Cañón de Urami, buenísimo. Me gustó porque me gustan mucho las montañas, las piedras, las alturas y la inmovilidad de lo gigantesco. Miles de años nos separan con esas grietas creadas por el mismo accionar físico de la tierra qué habitamos. Miro para el fondo y pienso en saltar pero no salto ni en pedo porque sería la muerte -a quién le importa- me digo, al toque me respondo que a mucha gente, miro de vuelta y digo para mis adentros -mira dónde estoy-. El motorcito de viajar ayuda a digerir los mensajes que no te contestan, a calmar esa ansiedad de no saber el futuro, pienso que vuelvo el miércoles y que el jueves laburo y vuelvo a pensar en saltar pero no salto.

Ese día manejé un montón, todo camino montañoso y en mal estado. Iba muy despacio en las curvas y algunos locales me pasaban alocadamente -los albaneses son re cabeza, manejan rápido y sin respetar la vida; son sucios con el medio ambiente, les gusta el ruido y fumar en lugares cerrados, pero, más allá de su ceño constantemente fruncido, son hospitalarios y buenos-. Al camino sinuoso lo disfruté, miraba los paisajes y charlaba con los chicos. Tuvimos que hacer ida y vuelta la misma ruta porque no tenía salida aunque en el maps figuraba un camino. Era uno de tierra, al lado del cañón, nos íbamos a meter pero era solo para 4×4, esa info no aparecía en el maps pero le preguntamos a un lugareño.

El día anterior a ese hicimos noche en Berat, conocimos la ciudad de las mil ventanas y la fortaleza que la cuidaba desde el alto de una montaña, muy lindo también. Energéticamente cargada de historia.

Miércoles 1 de octubre de 2025

En el aeropuerto, parado con el peso de mi viaje sobre los hombros. Dejé dos remeras y un bóxer en el hotel, lo hice queriendo para viajar con menos peso. Vuelvo con recuerdos increíbles, hojas de plantas y ganas de escribir.

El Emi fue a sacar una foto del aeropuerto y cuando volvió dijo –“La teoría de los bot-” me gustó como nombre de cuento. Jodimos todo el viaje con los bot, decíamos que los albaneses eran todos iguales: el pelo rapado a los costados, bolsito Louis Vutton, manejan Mercedes Benz, camperita inflable, parecían bots de verdad. Actuaban también todos de la misma manera, cara de enojados, huelen el miedo y desconfían, será su historia que les pesa. No hicimos free tour como para asegurarnos de la historia del país, pero eso no tiene que ver con los bots sino con la realidad que viví.


Tenerife

Este viaje salió de improvisto, de un día para el otro. La chica con la que me veo iba a ir con una pareja amiga.

El chico, una semana antes del viaje, se quebró los codos en una caída en monopatín –quedó hecho una T- me dijo. Entre risas me preguntó si quería ir yo, ya que ellos no irían. La casa ya estaba paga, miré los pasajes, no estaban caros y mi tía me regalo unas millas de Vueling que se le estaban por vencer. El universo conspiraba a mi favor para hacer el último viaje del año.

Ella llegó primero y yo fui dos días después. La casa por la que yo no había pagado me sorprendió con dos terrazas, una sala grande y dos habitaciones. Estaba, literalmente, en un acantilado a diez metros del mar. La primera noche vimos una rata, la segunda también. Decidimos irnos, pagamos un hotel rural y pasamos ahí los últimos tres días.

Habíamos alquilado un auto y con el pequeño Suzuki recorrimos la isla. Fuimos a varias piletas naturales, tomamos sol y nos reímos de la situación de la rata. Aunque la segunda noche estuvimos dos horas parados en una silla esperando que la hija de puta salga de abajo del horno. Era una lauchita, pero igual nos armamos con escobas. Movimos el sillón y otros muebles, armando un recorrido por si salía corriendo para que se vaya directamente afuera de la casa. Después de dos horas pegándole al lavavajillas que estaba y metiendo las escobas por debajo del horno nos rendimos. Nos encerramos en la pieza y dormimos –nos tiene más miedo ella a nosotros- le dije -no sé- me respondió.

Salimos de la casa del acantilado a la mañana temprano rumbo al hotel rural. El check in era en cinco horas, así que aprovechamos para ir al Teide, volcán que está en el centro de la Isla. En el baúl estaban nuestras mochilas, las compras del súper y nuestras quejas. En el asiento de atrás galletitas, chocolates y energía positiva. Entre nosotros circulaban mates, besos y agarraditas de mano. Estábamos enculados por la situación, pero también esto nos llevo a conocernos un poco mejor.

Este viaje fue muy lindo. Bajamos mil revoluciones, noviembre es temporada de respirar profundo.


FIN.

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